jueves, 26 de julio de 2007

Capitulo dos - Segunda Parte - Las Heridas

Imagínate que tienes una herida en alguna parte de tu cuerpo, en alguna parte que no puedes ubicar exactamente, y que no puedes ver ni tocar, y supón que esa herida te duele y amenaza abrirse o se abre cuando te olvidad de ella y haces lo que no debes, inclinarte, correr, luchar o reír; apenas lo intentas, la herida surge, su recuerdo primero, su dolor en seguida: aquí estoy, anda despacio. No te quedan más que dos caminos: o renunciar a vivir así, haciendo a propósito lo que no debes, o vivir así, evitando hacer lo que no debes. Si eliges el primer camino, si saltas, gritas, ríes, corres o luchas todo terminará pronto: la herida, al hacerse más grande de lo que puedes soportar, te convertirá en algo que sólo necesitará ser sepultado y que exasperado por la imposibilidad de hacerlo como querías, preferiste terminar, y esto no significará, de ningún modo, heroísmo; significará que tenías una herida, que ella pudo más que tú y que le cediste el sitio. Si eliges el segundo camino, continuarás existiendo, nadie sabe por cuánto tiempo: renunciarás a los movimientos marciales y a las alegrías exageradas y vivirás, como un sirviente, alrededor de tu herida, cuidando que no sangre, que no se abra, que no se descomponga, y esto, amigo mío, significará que tienes un enorme deseo de vivir y que, impedido de hacerlo como deseas, aceptas hacerlo como puedas, sin que ello deba llamarse, óyelo bien, cobardía así como si elegiste el primer camino nada podrá hacer suponer que fuiste un héroe: resistir es tan cobarde o tan heroico como renunciar. Por lo demás, las heridas no son eternas, y mejoran o acaban con uno, y puede suceder que después de vivir años con una, sientas de pronto que ha cicatrizado y que puedes hacer lo que todo hombre sano hace, como puede ocurrir, también, que concluya contigo, ya que una herida es una herida y puede matar de dos maneras: por ella misma o abriendo en tu cerebro otra, que atacará, sin que te enteres, tu resistencia para vivir; tú tienes una herida, supongamos, en un pulmón, en el duodeno en el recto o en el corazón, y quieres vivir y resistes, no te doblegas, aprietas los dientes, lloras, pero no cedes y sigues, aunque sea de rodillas, aun arrastrándote, llenando el mundo de lamentaciones y blasfemias; pero un día sientes que ya no puedes resistir; que tus nervios se sueltan, que tus rodillas y tus piernas no te soportan y se doblegan: caes entonces, te entregas y la herida te absorbe. Es el fin: una herida se ha juntado a la otra y tú, que apenas podías aguantar una, no puedas con las dos. No sé si conocerás algunos nudos marinos; es posible que no; como la mayoría de los mortales conocerás sólo un ejemplar de cada cosa u objeto y al oír hablar de nudos recordarás nada más que el de rosa, sin que ello signifique que lo sepas hacer bien; no se necesita saber muchas cosas para vivir: hasta contener buena salud. Hay un nudo marino, llamado de pescador, que recuerda lo que te estoy diciendo: está constituido por dos hechos que siendo semejantes, ocurren aisladamente y que mientras están aislados no son peligrosos; el peligro está en su unión: toma un cabo, una piola, por ejemplo o un vaivén, y haz, sobre otra piola o sobre otro vaivén tomándolo, un nudo ciego; ese único nudo que sabes hacer correctamente, sin apretarla demasiado y sin dejarlo suelto; que muerda, como se dice, y con el extremo de la piola sobra la cual has hecho ese nudo, haz otro igual sobre la primera y tendrás así doc piolas unidas por dos nudos ciegos colocados a una distancia equis; en ese situación son inofensivos, peor aún, no sirven para nada; pero el nudo no ha sido hecho aún: si tomas las piolas o los vaivenes de la parte que está más allá de los dos nudos y tiras separando tus manos, los nudos, obedeciendo al tirón, se aproximarán el uno al otro con una docilidad que quizá te sorprenda en dos nudos que aparentemente no tienen obligación de obedecer a nada; y si tiras con violencia verás no sólo que avanzan hacia sí con rapidez sino que, más aún, con furor, uniéndose como con una reconcentrada pasión; una vez unidos no habrá tirón humano o animal que los separe o desate; allí se quedarán, aguantando el bote o la red, toda una noche, hasta que el pescador, fatigado al amanecer, los separe de su encarnizada unión con la misma sencillez con que la muerte puede separarte de la vida: con un simple movimiento de rechazo hacia un lado u otro... Pero imagínate que no tienes ni la primera ni la segunda herida de que te he hablado, sino otra, una con la que puedes nacer o que puede aparecer en el curso de tu existencia, en la infancia, en la adolescencia o en la adultez, espontáneamente o provocada por la vida. Si naces con ella puede suceder que sea pequeña al principio y no te moleste demasiado sin que podamos descartar la posibilidad de que desde el principio sea grande y te impida hablar o caminar, pongamos por caso, todo ellos sin tener en cuenta el lugar en que nazcas, que puede ser un conventillo, una casa o un palacio. Podrá o no haber, a tu alrededor, gente que se interese o no se interese por ti y que quiera o no quiera ayudarte; si la hay y se interesa y quiere, podrás llegar a ser conservado, excepto si tu herida, esa herida que ni tú ni nadie puede ubicar, pues está en todas partes y en ninguna: en los nervios, en el cerebro, en los músculos, en los huesos, en la sangre, en los tejidos, en los líquidos y elementos que te recorren; excepto si tu herida, digo, puede con todo y con todos: con la medicina, con la educación, con tus padres, con tus profesores, con tus amigos, si es que llegas a tener todo eso, pues hay innumerables seres humanos que no tienen ni han tenido medicina, educación, padres, profesores ni amigos, sin que nadie parezca darse cuenta alguna de ello ni le atribuya importancia alguna en un mundo en que la iniciativa personal es lo único que vale, sea esa iniciativa de la clase que sea, siempre que deje en paz la iniciativa de la clase que sea, siempre que deje en paz la iniciativa de los otros, sea ésta de la índole que sea. Si la herida puede con todo y con todos y sus efectos no disminuyen sino que se mantienen y aumentan con el tiempo, no habrá salvación alguna para ti; salvación no sólo en cuanto a tu alma, que estará perdida y que en todo caso es de segunda importancia en el mundo en que vivimos, sino en cuanto todo tú; y ya podrás tener, en latencia, todas las virtudes y gracias que un hombre y un espíritu pueden reunir; o te servirán de nada y todo en ti será frustado: el amor, el arte, la fortuna, la inteligencia. La herida se extenderá a todo ello. Si tu gente tiene dinero, llevarás una vida de acuerdo con el dinero que tiene; si tu gente es pobre o no tienes familia, más te valiera, infeliz, no haber nacido y harías bien, si tienes padres, en escupirles la cara, aunque es más que seguro que ya habrás hecho algo peor que eso. Puede suceder que la herida aparezca en tu adultez, espontáneamente, como ya te dije, o provocada por la vida, por una repetición mecánica, supongamos: el ir y venir, durante decenios, de tu casa al trabajo, del trabajo a tu casa, etcétera, etcétera, o el hacer, día tras día, a máquina o a mano, la misma faena: apretar la misma tuerca si eres obrero, lavar los mismos vidrios si eres mozo, o redactar o copiar el mismo oficio, la misma carta o la misma factura si eres oficinista. Empezará, a veces, con mucho disimulo, tal como suele aparecer, superficialmente, el cáncer, como una heridita en la mucosa de la nariz, de la boca o de los órganos genitales o como un granito o verruguita en cualquier milímetro cuadrado de la piel de tu cuerpo. No le haces caso al principio, aunque sientes que el camino entre tu casa y la oficina o taller es cada día más largo y más pesado; que los tranvías van cada vez más llenos de gente y que los autobuses son más brutalmente sus bocinas; tu pluma no escribe con la soltura de otros tiempos; la máquina de escribir tiene siempre la cinta rota y una tecla, ésta, levantada; el hilo de las tuercas está siempre gastado y tu jefe o patrón tiene cada día una cara más espantosa, como de hipopótamo o de caimán, y por otra parte notas que tu mujer ha envejecido y rezonga demasiado y tus hijos te molestan cada día más: gritan, pelean, discuten por idioteces, rompen los muebles ensucian los muros, piden dinero, llegan tarde a comer y no estudian lo suficiente. ¿Qué pasa? La herida se ha abierto, ha aparecido y podrá desaparecer o permanecer y prosperar; si desaparece, será llamada cansancio o neurastenia; si permanece y prospera, tendrá otros nombres y podrá llevarte al desorden o al vicio; alcoholismo, por ejemplo, al juego, a las mujerzuelas o al suicidio. Tú habrás oído hablar del cansancio de los metales y esta frase te habrá producido, seguramente, risa: ¿pueden sufrir tal cosa los metales y puede alguien imaginarse a un trozo de riel diciendo: estoy cansado? Asombra pensar que un trozo de hierro o acero termine por cansarse y ceder, pero si el hierro cede, si afloja el acero, ¿por qué han de resistir más los nervios, los músculos, los tendones, las células cerebrales, la sangre? Y eso que muy poca gente sabe hasta dónde es capaz de resistir el ser humano. ¿Qué resistencia tiene? A veces, mayor que la del más duro acero, y lo que es más admirable, algunos parecen soportar más mientras más endebles son y mientras más deleznable es su constitución. Recordarás, de seguro, cómo aquel hombre que conociste en tu juventud, derrotado, herido nadie sabe por qué arma en lo más profundo de su ser animal o mora, resiste aún, vendiendo cordones de zapatos o mendigando; dejas de verlo un año, dos, y un buen día, cuando ya te has olvidado de él, reaparece y te ofrece sus cordones o sus diarios o te pide una limosna; cómo el morfinómano, sin casa, sin trabajo, sin familia resistió durmiendo en las calles, en los bancos de las plazas o bajo los puentes, sin comer, sin abrigarse, con las manos más frías que las del más helado muerto, durante cinco o veinte años, enterrando a su primera y a su segunda mujer, a los hijos de la primera y a los de la segunda e incluso a sus nietos, sin poseer más tesoro que su jeringuilla y su gramo de morfina para el cual tantas veces contribuiste con unos pesos y cómo el hemipléjico que tenía una herida tan grande como él, ya que le empezaba en el lóbulo derecho del cerebro y le terminaba en las uñas del pie izquierdo y que había, además, perdido un brazo -una locomotora se lo cortó mientras trabajaba, siendo niño, en una barraca- resistió, durante diez o treinta años, a la soledad, sin poder comer, sin lavarse, vestirse ni acostarse ni levantarse por sus propios medios, sin dientes, medio ciego, sostenido sólo por su pierna derecha y por ese algo misterioso y absurdo que mantiene en pie aun a los que quisieran morir, para terminar fulminado por un ataque cardíaco, envidiado por todos los que temen morir de un cáncer o de un tumor cerebral. Y podrás ver en las ciudades, alrededor de las ciudades, muy rara vez en su centro, excepto cuando hay convulsiones populares, a seres semejantes, parecidos a briznas de hierbas batidas por un poderoso viento, arrastrándose apenas, armados algunos de un baldecillo con fogón, desempeñando el oficio de gasistas callejeros y ellos mismos en sus baldecillos, durmiendo en sitios eriazos, en los rincones de los aceras o la orilla del río, o mendigando, con los ojos rojos y legañosos, la barba grisácea o cobriza, las uñas duras y negras, vestidos con andrajos color orín o musgo que dejan ver, por sus roturas, trozos de una inexplicable piel blanco-azulada, o vagando, simplemente, sin hacer ni pedir nada, apedreados por los niños, abofeteados por los borrachos, pero vivos, absurdamente erectos sobre dos piernas absurdamente vigorosas. Tienen, o parecen tener, un margen no mayor que la medida que puede dar la palma de la mano, cuatro traveses de dedo, medida más allá de la cual está la inanición, el coma y la muerte, y se mueven y caminan como por un senderillo trazado a orillas de un abismo y en el cual o caben sino sus pies: cualquier tropiezo, cualquier movimiento brusco, hasta diríase que cualquier viento un poco fuerte podría echarlos al vacío; pero no; resisten y viven y a los jóvenes, sin que nadie pueda explicarse cómo pueden existir, en un mundo que predica la democracia y el cristianismo, semejante seres. Pero tú, amigo mío, eres sano, has sido creado como una vara de mimbre, elástica y firme, o como una de acero, flexible y compacta; no hay fallas en ti, no hay, heridas ni aparentes ni ocultas, y todas tus fuerzas, tus facultades, tus virtudes está intactas y se desarrollarán a su debido tiempo o se han desarrollado ya, y si alguna vez piensas en el porvenir y sientes temor, ese temor no tiene sino el fundamento que tienen todos los temores que experimentan los seres humanos que miran hacia el porvenir: la muerte; pero nadie se muere la víspera y el día llegará para todos y, yagas lo que hicieres también para ti. Hoy es un día de sol y de viento y un adolescente camina junto al mar; parece, como te decía hace un instante, caminar por un sendero trazado a orillas de un abismo. Si pasas junto a él y le miras, verás su rostro enflaquecido, su ropa manchada, sus zapatos gastados, su pelo largo y, sobre todo, su expresión de temor; no verás su herida, esa única herida que por ahora tiene, y podrás creer que es un vago, un ser que se niega a trabajar y espera vivir de lo que le den o de lo que consiga buena o malamente por ahí; pero no hay tal: no te pedirá nada y si le ofreces algo lo rechazará con una sonrisa, salvo que la ofrecérselo le mires y le hables de un modo que ni yo ni nadie podría explicarte, pues esa mirada y esa voz son indescriptibles e inexplicables. Y piensa que en este mismo momento hay, cerca de ti, muchos seres que tienen su misma apariencia de enfermos, enfermos de una herida real o imaginaria, aparente u oculta, pero herida al fin, profunda o superficial, de sordo o agudo dolor, sangrante o seca, de grandes o pequeños labios, que los limita, los empequeñece, los reduce y los inmoviliza.


Manuel Rojas

miércoles, 25 de julio de 2007

Fight Club

Advertencia

Si está leyéndola, entonces esta advertencia es para usted. Transcurre un segundo de su vida por cada palabra que lea de esta inservible cláusula. ¿No tiene otras cosas en qué ocuparse?, ¿O le impresiona tanto la autoridad que respeta y le cree todo al que dice tenerla?, ¿Lee todo lo que supuestamente debe leer?, ¿Piensa todo lo que supuestamente debe pensar?, ¿Compra todo lo que le dicen que debe querer?. Salga de su departamente. Conozca a alguien del sexo opuesto. Deje a un lado las compras excesivas y la masturbación. Renuncie a su empleo. Búsquele pelea a alguien. Pruebe que está vivo. Si no proclama su humanidad se convertirá en una estadística. Ya está advertido... Tyler Durden

lunes, 23 de julio de 2007

Desde Hoy.

Semana Inolvidable sin duda la semana pasada. Pero el descanso termino. Es hora de empezar a retomar y recomponer. Las tareas son varias y el tiempo es poco. Pero no me apuro ni me preocupo.

Es decisivo sin duda el tiempo que se viene. El Ultimo semestre de mi enseñanza secundaria. El Ultimo. Luego. Bienvenida realidad. Claves son los pasos a seguir en los siguientes meses. Desencadenadores del futuro. Pero no me apuro ni me preocupo.

Desde hoy empieza.

viernes, 13 de julio de 2007

Here Comes The Sun


Here comes the sun, here comes the sun,
and I say it's all right

Little darling, it's been a long cold lonely winter
Little darling, it feels like years since it's been here
Here comes the sun, here comes the sun
and I say it's all right

Little darling, the smiles returning to the faces
Little darling, it seems like years since it's been here
Here comes the sun, here comes the sun
and I say it's all right

Sun, sun, sun, here it comes...
Sun, sun, sun, here it comes...
Sun, sun, sun, here it comes...
Sun, sun, sun, here it comes...
Sun, sun, sun, here it comes...

Little darling, I feel that ice is slowly melting
Little darling, it seems like years since it's been clear
Here comes the sun, here comes the sun,
and I say it's all right
It's all right




















Te amo (LL)

martes, 10 de julio de 2007

The Beatles - Love - Pequeña reseña historica



Para el primer beatle fue el 8 de diciembre de 1980. Para el tercero, el 29 de noviembre de 2001, y para el quinto beatle su día de despedida fue el 20 de noviembre de 2006. John Lennon ultimado por un revólver, George Harrison ultimado por un cáncer y George Martin por la propia decisión de dejar a los Beatles en vida esta semana. ¿Era George Martin el “quinto beatle”? ¿o lo fue Stuart Sutcliffe, el primer bajista y mártir, o Brian Epstein, el dueño de la disquería en Liverpool que fue sorprendido por una adolescente cuando preguntó por un disco de los Beatles que él desconocía y luego se convirtió en el representante del grupo? La respuesta sigue abierta, aunque algunos se inclinan por el cerebro y sensibilidad dentro del estudio de grabación. George Martin es el responsable del punto de vista sonoro de toda la obra beatle, desde “Love me do” y Please, please me (1963) hasta la suite en el lado B de Abbey Road (1969). Eso hasta que Phil Spector se inmiscuyó en asuntos beatles e hizo de Let it be (1970) un disco pobre sónicamente. Ahí está la primera diferencia: mientras Spector quería tener éxito en el negocio, Martin quería escuchar buena música.

Y así lo ha hecho nuevamente, a los 80 años, regresando a las grabaciones que produjo en los años ’60 junto a John, Paul, George y Ringo. De no ser por la autoría de las canciones, las voces clásicas y las guitarras eléctricas, Love podría ser un disco de George Martin. Aquí se despoja de la medalla que le entregó la Reina en 1990, deja de ser Sir y se convierte en DJ. O mejor aún, en un metaproductor que produce ahora lo que ya había producido antes. El trabajo de reconstrucción musical es una prueba más de que él sí debiera ser el quinto de la banda. Y es también una forma gloriosa de retirarse de la música después de haber puesto su firma en los mejores discos del pop de la historia donde incluyó además cosas muy extrañas, como un clavicordio barroco o un cuarteto de cuerdas romántico al lado de una banda de rock and roll de club.

A diferencia de otros discos póstumos que sugieren tretas para rebosar las cuentas de EMI (Yellow submarine songtrack, 1999 y One, 2000) Love sí es un álbum nuevo que no esconde en absoluto el espíritu de la banda. Fue la crítica que se le hizo a Martin antes de que se escuchara por primera vez, pero que él, en persona, detuvo en seco. Aquí hay 26 canciones nuevas tal como lo acredita la cubierta del álbum: “Los Beatles como nunca los has escuchado antes”.

Casi no vale la pena enumerar todas las sorpresas que el beatlemaníaco podría llegar detectar en un santiamén. Hay decenas de ellas. Martin y su hijo Giles escogieron de elementos obtenidos de todos los archivos orignales para desplegar una narrativa tal que podría convertir a Love en el compilado definitivo la historia beatle. Sería como escuchar la discografía completa en 78 minutos. Abren la serie unos silencios milimétricamente superiores entre cada línea vocal de las estrofas de “Because” y sin el teclado de “Claro de luna” de Beethoven puesto al revés. Siguen unos segmentos vocales de “Sun king”, ahora sí puestos al revés, bajo el título de “Nus gnik” que sorprenden por su resultado armónico. Continúa el ritmo duro de “Glass onion” junto a los coros de “Hello, hello” y los cornos de la orquestación de “Penny Lane”. Todo ello define el tipo de trabajo de los Martin. Hay más: el final descabellado de “I’am the walrus” junto al histórico anuncio del escenario en el concierto del Hollywood Bowl en medio de la beatlemanía, y luego un flashback seco a la beatlemanía con “I want to hold your hand”. O la fenomenal combinación de la voz de Harrison en el relato instrospectivo de “Within you without you” y el mantra rítmico de “Tomorrow never knows”.

Es cierto, otros pasajes suenan a megamix de playa con sucesiones sobre un mismo beat: “Drive my car”, primero, “What you’re doing” después, y “The word” al final, con remate estupendo de ¡pee-pee-pee-pee, yeah!, de la primera canción. Pero igual, hay que aceptarlo, queda preciso. Y suena mejor que en los discos originales. Lo estimulante de Love es que requiere muchas audiciones para compactarlo y asimilarlo, al revés de cualquiera de los compilados temáticos o cronológicos que abundan. Por ejemplo, al seguir con mucha atención las piezas dedicadas a Ringo, que canta a capella “Octopus’s garden” sobre las cuerdas de “Good night”, o la dedicada a Harrison, con un tabla de la India obtenido de “The inner light” mientras todos los Beatles acompañan un nuevo coro de “Here comes the sun”.

Son los capítulos para redescubrir en una historia que además de la firma Lennon & McCartney tuvo la mano de Martin, este legítimo quinto hombre. Y que en Love finaliza con una canción más clara y directa: “All you need is love”, la más grande declaración de amor hecha por los Beatles, ahora reinventada. El credo beatle absoluto entre sus dos extremos: la ingenua “Love me do” (“Ámame / sabes que te amo / siempre seré verdadero / entonces, por favor, ámame”) y la sentencia final en el última estrofa de la última canción del último disco de los Beatles, “The end” (“Y al final, el amor que recibes / es igual al amor que das”).




The Beatles "Love" (2006, EMI)

1. Because. 2. Get back. 3. Glass onion. 4. Eleanor Rigby / Julia (transition). 5. I am the walrus. 6. I want to hold your hand. 7. Drive my car / The world / What you´re doing. 7. Gnik nus. 8. Something / Blue jay way (transition). 9. Being for the benefit of mr. Kite!. 10. I want you (She´s so heavy) / Helter skelter. 11. Help! 12. Blackbird / Yesterday. 13. Strawberry fields forever. 14. Within you without you / Tomorrow never knows. 15. Lucy in the sky with diamonds. 16. Octopus´s garden. 17. Lady Madonna. 18. Here comes the sun / The inner light (transition). 19. Come together / Dear Prudence / Cry baby cry (transition) / 20. Revolution. 21. Back in the U.S.S.R. 22. While my guitar gently weeps. 23. A day in the life. 24. Hey Jude. 25. Sgt. Pepper´s lonely hearts club band (reprise). 26. All you need is love.

Músicos: John Lennon, Paul McCartney, George Harrison y Rongo Starr

Producción: George Martin y Giles Martin

Duración: 78’00’’.

http://www.beatles.com







por iñigo díaz

lunes, 9 de julio de 2007

Horror!!




un 1.3!
me muero
mi peor registro desde el 96!
y yo vivo para verlo.

domingo, 8 de julio de 2007

El Sol A Veces Se Equivoca

Tenía que esperar, no me sentía seguro ni bien. Debía parar la conversación. Y deje pasar el tiempo.

El sol a veces se equivoca.

Mientras el tiempo pasaba lo rellené con problemas ajenos, con historias de revoluciones, con sueños utopicos. Pero no era lo mío. Seguía el vacio. Al vacio siguieron confusiones y cosas que nunca deberieron pasar. Cosas que afortunadamente no me costo dejar atrás.

Las revoluciones ocupaban mi cabeza, no podía mirar a mi lado.

Fué en el momento en que mas bajó estaba cuando Ella dejó su miedo y orgullo. Quería que fuera como antes.

No sabía que pensar. Era un riesgo gigante. Pero la necesidad de tener esos ojos conmigo de nuevo fué mas fuerte. Las revoluciones podrán esperar. Necesito el bienestar interno. Con Ella. Y con los que quiero.

miércoles, 4 de julio de 2007

Heroin



1967
The Velvet Underground And Nico

 
Elegant de BlogMundi