Los Sonidos se atreven
La Imbecilidad se confieza
La Imaginación sigue enamorada
Y el mal?
Y el mal? que hace?
El mal ...
Se levantó temprano. Tomó un rapido desayuno compuesto por un yogurt y una tostada. Salió de la casa veinte minutos antes de lo acostumbrado. Llegó 30 minutos antes de lo acostumbrado. Fumó los tres cigarros que le quedaban. Don J. en ese momento se acercó a él. Qué era uno de los mejores de su clase. Que no se lo farreara. Etc. No le tomó importancia. Lo detestaba.
Siguió su día normalmente. Igual al día anterior. Esta vez Pensó seriamente la posibilidad de retirarse del partido. Ya no era igual.
Algo lo interrumpio en su rutina. A dos cuadras de la casa cuatro sujetos lo pararón en seco y le quitarón su celular y diez mil pesos.
Llegó a su casa algo más compuesto. Entró. Saludo a F. que trabajaba en la mesa del comedor. Se acosto. Durmió.
Se acabó. Ahí. Frente a ese bus. Ahí mismo. Sentía que se moría. Sentía que no podía. Que el nudo que vivía en su pecho no soportaba más encerrado en esa caja. Necesitaba salir. Cuando M. miró por la ventana del bus solo vió su sombra llorando como un niño en el rincón del terminal. Él ya no estaba. Él ya no existía. A.
Lo que había pasado el día de ayer era mejor que quedara solo para el recuerdo. No pensaba alterar el eje de infinito orden en el que transitava diariamente. Aunque era necesario llamar a M.. Llamarla para qué? Pedirle disculpas? Disculpas de qué?.
Porqué lo atormentaba tanto el recuerdo de N.? Era mejor parar el asunto y evitar cualquier problema.
Se levantó algo mas tarde que de costumbre. Era Domingo. Día de hacer nada. Miró el reloj. Quince Veinte Pe Eme. No había nadie en su casa. Ni siquiera F.. Buscó en el refrigerador algo para masticar. Solo encontró un plato de arroz que estaba ahí desde el Jueves. Ese Jueves. Donde se empezarón a suceder las cosas. Ese trago. Esa cama. Basta!. Necesitaba liberar su cabeza. Se bañó. Se vistió. Y salió a pasear.
Caminó el par de cuadras. Llegó a aquella casa. Donde sabía que la tregua a sus problemas lo esperaba. Pagó con luca. Se fué a la plaza. Encendió el pito. Y dejo ser su mente.
Necesitaba palabras. Palabras amigas. A lo mejor B. lo entendería. Despues de todo fué quien lo crió. Lo visitó. No estaba. Andaba en un viaje de negocios. Vuelve la proxima semana. Lastima.
Mejor irse a dormir. Afuera de su casa lo esperaba N.. A. la hizo entrar. Lo unicó que alcanzo a escuchar antes de caer en la cama cegado en pasión y lujuría fué un TE AMO, PERDONAME, NOSE VIVIR SIN TÍ. Él no la escuchó. Solo se dejo llevar.
Dejó a N. en el paradero. No se atrevió a contarle. No importaba. Sabía que ella lo adoraba. Cómo se podría enterar?. Daba igual. Que siguiera queriendolo y amandolo.
Llegó a su casa algo más compuesto. Entró. Saludo a F. que trabajaba en la mesa del comedor. Se acostó. Durmió.
Abrió los ojos y miró a su lado. M.. aún dormía. Todavía desconocía como las cosas habían llegado hasta ese punto. No quería verla más. Sentía nauseas. Le provocaba repulsión. Era mejor irse. No aguantaba esa sensación.
Pensaba en N.. Ignoraba si los había visto. No quería saberlo. No quería verla. No quería nada.
Avanzó un par de cuadras. Se compró unas sopaipillas en la esquina.
Llegó a su casa algo más compuesto. Entró. Saludo a F. que trabajaba en la mesa del comedor. Se acostó. Durmió.

A. se levanto temprano, se le venía un día duro. De la casa a la U. De la U al partido. Aunque, a pesar de que fuera un día agotador, estab muy acostumbrado a esa rutina.
Salio de su casa 15 minutos tarde. Corrió a tomar la micro, dentro de ella se encontro con M.. Amiga de infancia que no veía desde que se cambio de casa hace ya más de 5 años. Las cosas para M. estaban mal, el trabajo, la familia, la salud, el amor. En un momento de la conversación a A. le parecio haber visto una lagrima en la cara de M.. Preferio ignorar.
LLego a la U media hora más tarde de lo normal. No le importaba. Le tocaba con el profe J. Lo detestaba. Prefirio quedarse escuchando música hasta el fin de la clase. Despues se conseguiría los apuntes del viejo perro.
Era hora de almorzar. Donde siempre. Ese rincon de la plaza. Ese pan con jamón. Ese B. y ese G. discutiendo sobre el futuro insierto del colo-colo, de la quiebra de la U, y lo mal que juega la selección. Mientras él los ignoraba, erán temas incoloros para él. En realidad. Desde un tiempo hasta hoy, todo era incoloro, todo carecia de gracia. Pero no le importaba. Estaba bien así.
A las 5 debía juntarse con N.. Su novia. La única que creía entenderlo. O por lo menos escucharlo.
N. termino con todo. Que no me escuchas. Que eres frio. Que no te importo. Que no amas a nadie!. A. no quizo rebatirla y la dejo partir. Ya se le pasaría el enojo y volvería a él rogando por un polvo. Que se fuera. Por ahora.
Partio al local de costumbre. Y se sirvio como siempre un vaso de cerveza. Solo. Costumbre adquirida desde los 17 años y que mantenía a sus 20. Mierda. El partido. Daba igual. Ya estaba media hora atrasada. Y no se encontraba muy interesado en escuchar los mismos problemas de siempre y el: que compañeros esto, que compañeros aquello. Mejor se quedaba tomando. No había necesidad de estresarse.
Salio del local con más alcohol que sangre en su cuerpo. Camino a duras penas al paradero. La 210. Caotico número. Más en esas condiciones. Otra victima más de la ineficacia.
Llego a su casa algo más compuesto. Entró. Saludo a F. que trabajaba en la mesa del comedor. Se acosto. Durmió.
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